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20 años sin Paulina: El femicidio que oscureció Tucumán

por: Martín Dzienczarski González
Un sábado 25 de febrero, una estudiante de Comunicación de 22 años salió a bailar para festejar que había aprobado una materia junto con su amiga de la facultad. Paulina Lebbos fue con Virginia Mercado -se vino de Salta a estudiar- a Gitana, uno de los boliches que estaban de moda en el ex Mercado de Abasto. Después de bailar, viajaron juntas en un remis. Aún no había Uber, ni aplicaciones para pedir taxis. Virginia se bajó en La Rioja al 400 para dormir en su departamento, Paulina siguió para ir a lo de su novio, cerca del parque 9 de Julio. Tenía una hija de 5 años. Eran dos amigas saliendo juntas, para celebrar que les iba bien en la carrera.
El domingo, en la casa de la familia Lebbos no había noticias de ella. ¿Llegó a destino? No atendía el celular, no llegaban los SMS. No existía whatsapp, las redes sociales eran actividades casi exclusivas de los ciber. Su papá, Alberto Lebbos, era funcionario provincial. Como subsecretario de Juventud de la Provincia, rápidamente comenzó a buscarla, hizo la denuncia, movió contactos. Su cuerpo fue encontrado dos semanas después, muy dañado, a la vera de la ruta camino a la localidad de Tapia, en Trancas. Todavía no se llamaba femicidios a estos crímenes en los medios.
La investigación judicial, en vez de avanzar, fue cajoneada por años. El primer fiscal fue Alejandro Noguera, estuvo al frente del caso por dos meses, hasta que fue fotografiado saliendo de la casa del gobernador de entonces, José Alperovich. El escándalo obligó a cambiar de fiscal, aunque se cree que comenzaba a encontrar la trama de irregularidades: se habría peleado con el jefe de Policía, quien quería retirar el cuerpo de Paulina antes de terminar las tareas de rutina en toda pericia. La habían encontrado dos baqueanos pero las actas fueron fraguadas para declarar el hallazgo informarlo como resultado de rastrillajes policiales.
Después el expediente llegó a manos de Carlos Albaca, conocido por haber dejado prescribir la causa que investigaba el crimen de Juan Salinas, el oficial de la policía que se sospecha habría sido asesinado por el Comando parapolicial Atila en los 90. El caso se cajoneó durante siete años, con secreto de sumario, con pericias mal hechas, notas en medios apuntando a que Paulina podría haber participado de “fiestas sexuales” y con pruebas nunca correctamente almacenadas. La culpaban de su propio femicidio: ¿por qué salió a bailar? ¿por qué usaba vestidos? ¿por qué era madre soltera?
En este lapso, Alberto Lebbos comenzó a organizar marchas contra la impunidad, renunció como funcionario provincial y se transformó en rival político de Alperovich. Apuntó a toda la cúpula de la policía y del poder político provincial por ocultar qué pasaba. 
Alperovich quiso demostrar que Tucumán era seguro: dispuso la ley 4 AM, un límite a las actividades nocturnas de bares y boliches. Una medida tan promocionada como inútil: comenzaron las fiestas clandestinas. También, las protestas de madrugada: chicas y chicos iban a bailar a la Plaza Independencia, después del boliche, para quejarse. El tope a la vida nocturna duró hasta 2014. En simultáneo, se eliminaron los remises y sólo existían los taxis en San Miguel de Tucumán. El régimen duraría casi 20 años, sin que nunca se cumpliera realmente. 
Cada vez más gente iba a las marchas de Lebbos, cada jueves en la Plaza Independencia. Se fueron sumando casos, Lebbos hasta encabezó el armado de la Comisión de Familiares de Víctimas de la Impunidad. “El silencio es el aliado de la impunidad, si una causa no se mediatiza queda en la nada”, afirmó cada vez que podía. 
En 2013, después de un informe de Bernardo Lobo Bougeau, del Programa Nacional de Lucha contra la Impunidad, finalmente Albaca fue separado del caso. El nuevo fiscal, Diego López Ávila, comenzó a investigar el caso apuntando al encubrimiento: repitió pesquisas y allanamientos pero sin solicitar apoyo de la Policía provincial: las medidas eran encargadas a la PSA o a Gendarmería. En el proceso, falleció Rosa Racedo, la mamá de Paulina. Alberto Lebbos dijo que fue por causa de un cuadro de enfermedad, más la tristeza. Ella había dicho, en 2006, que sospechaba del novio de Paulina, y dijo que “sufría acoso y persecución” por él. También trabajaron en el expediente Prieto de Sólimo -se jubiló una semana antes del primer juicio- y Carlos Sale. 
Finalmente comenzaron los juicios: uno en 2018 para declarar culpables de encubrimiento a la cúpula de Seguridad: secretario de Seguridad, jefe de Policía, jefes regionales, comisarios… Lo que nunca se supo es a quién querían proteger poniendo en riesgo sus carreras. Fueron sucediéndose los juicios individuales contra ex funcionarios. Luego sería el turno de Albaca, condenado por encubrir y cajonear la causa. 
La presión de Alberto para que se conozca a los responsables del femicidio de Paulina no se detuvo. A pesar de estar al límite de la prescripción, la Justicia avanzó hasta la etapa en la que nos encontramos ahora: un juicio contra César Soto -su ex pareja- y Sergio Kaleñuk -hijo del ex asesor de Alperovich, Alberto Kaleñuk-, entre otros involucrados, por el crimen. Justo antes de que empiece este juicio, Virginia, su amiga, se declaró culpable en un proceso abreviado por haber mentido en sus declaraciones previas. ¿A quién le tenía miedo? ¿Por quién mintió? 
Ese juicio, aunque muchos involucrados potenciales han fallecido, podrían poner el fin a varias preguntas: qué pasó con Paulina. Y todas las maniobras de encubrimiento, ¿para beneficio de quién eran?
Paulina estudiaba Comunicación en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT. Su rostro sigue presente en varios murales y en un anfiteatro bautizado por la asamblea de estudiantes con su nombre. 
La hija de Paulina tiene 25 años, se cambió el apellido y se fue a vivir a Río Negro junto con una de sus maestras de la escuela, quien además había sido compañera de la escuela de Paulina. Su nuevo apellido fue parte de una decisión: necesitaba vivir su vida sin el peso de la historia triste de su mamá. No ponemos su nombre para respetar su derecho: recordar a su mamá sin que la historia le duela tanto. Su pedido de Justicia se mantiene firme.

Meta Crisis, periodismo desde la periferia. Tucumán, Argentina