por: Florencia Luna
Al menos unos 6.350 estudiantes de las 16 escuelas de esta institución se están formando con contenidos distorsionados y estigmatizantes sobre salud mental, sexualidad e identidad de género.
Este manual forma parte de la currícula de la carrera de Enfermería de ATSA-Tucumán (Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentina), en su CENT(Centro Educativo de Nivel Terciario) Nº74.
Fuente: Módulo de Psiquiatría y salud mental- ATSA (2017).
En el 3º año de la carrera de Enfermería de esta institución, se dicta una materia que se denomina “Módulo de Enfermería Psiquiátrica y salud mental”, que prepara a los profesionales para intervenciones y primeros auxilios al momento de recibir pacientes en situaciones de desbordes o crisis de salud mental en guardias de hospitales y centros de atención primaria de la salud (CAPS).
¿Desactualización o decisión?
A lo largo de las 254 páginas de este manual se organizan un total de 20 temas relacionados a la psiquiatría, con especial énfasis en la sexualidad. Dentro de esta temática se encuentra un vasto material cuyos errores no solo están desactualizados: entran en conflicto directo con estándares legales y de derechos humanos a nivel local e internacional.
Se encuentran apartados y conceptos enteros como: “Trastornos de identidad de género: Homosexualidad.” y afirmaciones binarias como “Solo se es sexo masculino o femenino.” Así mismo, se presenta la transexualidad y el travestismo equiparado con trastornos como la pedofilia y la zoofila. Se iguala orientación sexual con problema de identidad y se presenta la diversidad sexual como desviación del modelo “normal”.
Repudiar educando con nuevas herramientas
En diálogo con la Fundación Transformando Familias, acudimos a la Dra. Fabiana Reina, presidenta del espacio y médica tocoginecóloga, especialista en endocrinología ginecológica infanto juvenil.
Luego de un exámen exhaustivo de los contenidos, la doctora realiza una crítica profunda calificando esta bibliografía como patologizadora, biologicista, sesgada y desactualizada. Sostiene que el contenido no está alineado con la sexología moderna y propone una reestructuración integral, ya que contiene términos y conceptos usados antes de que la OMS quitara a la homosexualidad (1990) y la transexualidad(2018) de su listado de enfermedades mentales, sumado que tampoco respeta los principios de la Ley 26.743 de Identidad de género de Argentina, que garantiza el derecho al reconocimiento, libre desarrollo y trato digno según la identidad de género autopercibida, sin necesidad de diagnósticos médicos, psiquiátricos o cirugías previas para modificar el DNI.
Reina menciona algunos materiales nuevos a los que suscriben organizaciones como la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación Sexual (FLASSES), la Asociación Mundial de Sexología Médica (WASM) y la Academia Internacional de Sexología Médica (AISM). Dichas instituciones emplean y recomiendan el uso de manuales como el MDS III (2012): El Manual Diagnóstico en Sexología, el CIE-11: La Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS, destacando que es el estándar a utilizar en lugar del DSM-V. Y finalmente el SOC8 (2022): La octava versión de los Estándares de Atención para la Salud de las Personas Transgénero y de Género Diverso, publicada por la Asociación Profesional Mundial para la Salud Transgénero (WPATH).
Para abordar este conflicto desde la mirada del psicoanálisis local, consultamos a Julieta Antonucci, psicóloga referente de la Comisión de Género del Colegio de Psicólogos de Tucumán.
“Parece necesario recordar que hablar, enseñar o trabajar sobre cuestiones vinculadas a la sexualidad implica abordar un campo amplio y complejo, que debe ser tratado no solo con la formación específica pertinente, sino también —y fundamentalmente— desde un marco ético y profesional acorde a las leyes vigentes de nuestro país y a los principios de derechos humanos.
En este sentido, resulta fundamental tener en cuenta que tanto las identidades de género como las orientaciones sexuales no pueden ser asociadas a trastornos mentales ni comprendidas desde una lógica patologizante. Hacerlo implicaría retroceder décadas en materia de derechos, legislaciones y avances sociales vinculados a la salud integral y los derechos humanos.
Patologizar o vincular a trastornos mentales las orientaciones sexuales y/o identidades de género disidentes de la heteronorma cisgénero no solo favorece la discriminación, el rechazo social y la reproducción de discursos de odio, sino que además tiene consecuencias concretas dentro de los ámbitos de salud. […] En este marco, respetar estas identidades y no asociarlas a trastornos mentales no responde únicamente a una cuestión de buena voluntad o posicionamiento personal, sino al cumplimiento de las leyes vigentes y de los estándares éticos y profesionales que regulan las prácticas en salud. Desconocer estos marcos normativos implica sostener prácticas discriminatorias que vulneran derechos reconocidos legalmente en nuestro país.”
Una salud para todxs
Hasta 2023, aún con leyes implementadas como la 26.743 (Identidad de Género), según un relevamiento nacional de condiciones de vida en población LGBTQ+, aproximadamente el 15% a 20% de las personas encuestadas en Tucumán y el NOA reportaron haber sufrido agresiones o maltratos por parte de agentes de salud, quienes además replican otras formas de violencia Institucional en el uso de nombres o sexos asignados al nacer con intención de ridiculizar, afectando a casi 2 de cada 10 personas del colectivo.
