por: Paula Barrionuevo
Luego de una racha de descenso de 20 años, la mortalidad infantil aumentó exponencialmente en 2024 en Argentina, según las estadísticas vitales publicadas recientemente por el Ministerio de Salud de la Nación.
La tasa de mortalidad infantil mide el número de niños y niñas que mueren antes de llegar a cumplir los doce meses de vida por cada 1.000 nacimientos dados en un año. Desde los 90 hasta hoy se han hecho grandes progresos respecto a la tasa de mortalidad a nivel mundial, pasando de 12,7 millones en 1990 a 4,9 millones en 2022 (datos recolectados por United Nations Inter-agency Group for Child Mortality Estimation). Pero aun así, cada país libra su propia batalla ante el fenómeno.
Existe un conjunto de condiciones que se relacionan entre sí y determinan el nivel de la mortalidad infantil: biológicas, demográficas, socioeconómicas, culturales, ambientales, de accesibilidad y atención de la salud, entre otras. Este fenómeno se encuentra compuesto por la mortalidad neonatal (defunciones ocurridas entre el nacimiento y los primeros 28 días de vida, donde prevalecen aquellas condiciones vinculadas con los problemas congénitos y con la accesibilidad y atención de la salud) y la postneonatal (defunciones ocurridas desde el fin del período neonatal hasta el año de vida, donde tienen mayor impacto las condiciones ambientales y socioeconómicas). El riesgo de muerte del niño es mayor durante el periodo neonatal ya que cerca del 60% de las muertes de menores de cinco años se produce durante ese período.
¿De cuanto es el aumento?
Del 2002 al 2023 el índice de mortalidad en menores de 5 años se redujo aproximadamente un 42% (exceptuando una pequeña crecida en 2019, durante el último año de presidencia de Mauricio Macri, que volvió a bajar gracias a las prevenciones sanitarias tomadas a partir de la pandemia) según informes elaborados con datos de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación. Esta baja se consolidó gracias al aumento del empleo, la mejora salarial a través de las paritarias, la AUH y AUE, la incorporación de nuevas vacunas gratuitas y obligatorias al calendario nacional, la implementación del plan nacional de reducción de la mortalidad materno infantil, entre otros factores.
Sin embargo, en el último informe de estadísticas vitales del año 2024, se observa un incremento en la tasa de mortalidad infantil de 0,5 puntos respecto a 2023, lo que equivale a un aumento del 6,25%, representando 8,5/1.000 defunciones de nacidos vivos (aproximadamente 3500 fallecimientos en ese año). Se trata del mayor crecimiento desde 2002.
Fuente: INFORME FUNDACIÓN SOBERANÍA SANITARIA
¿A qué se debe esto?
Como se mencionó anteriormente, las defunciones infantiles se clasifican de acuerdo al momento en el que ocurren. Si comparamos la tasa de mortalidad infantil 2023 y 2024, observamos que las defunciones postneonatales se mantienen estables con una tasa de 2,5 defunciones, mientras que las defunciones neonatales pasan de una tasa de 5,5 en 2023 a una tasa de 6 en 2024. Lo que significa que la mortalidad es mayor en bebés que no llegan al mes de vida.
Por lo general las causas están vinculadas con problemas congénitos y con la accesibilidad y la atención de la salud de la madre y del recién nacido. Es decir, el acceso a controles del bebé durante y después del embarazo y el cuidado de la salud de la persona gestante.
Teniendo en cuenta que la mortalidad neonatal es la más crítica, durante las últimas décadas se desarrollaron y sostuvieron políticas públicas orientadas a los cuidados necesarios para reducirla, en conjunto entre el Estado Nacional y las provincias. Estas estrategias incluyen la provisión de insumos para la atención durante el parto y los primeros días de vida, el desarrollo de redes de atención para la atención de patologías con alta morbimortalidad, entre otras.
Fuente: INFORME FUNDACIÓN SOBERANÍA SANITARIA
El ajuste y la mortalidad infantil
Durante los últimos dos años, el sistema de salud entero sufrió una amplia y profunda política de desfinanciamiento que lo ha llevado a sus extremos más críticos. Esto golpeó muy duramente las medidas de prevención de la mortalidad infantil. Podemos verlo en situaciones puntuales como el debilitamiento del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas (PNCC), que busca prevenir la principal causa de morbimortalidad infantil. La patología consiste en malformaciones del corazón previas al nacimiento. Se puede detectar por ecografía durante el período de embarazo o luego del nacimiento del niño o la niña.
En 2023 el Gobierno Nacional reglamentó la Ley de Cardiopatías Congénitas Nº 27.713, creando este Programa Nacional para “garantizar que todas las personas que lo padezcan tengan el derecho a todas las instancias de detección y tratamiento correspondientes en cada etapa vital”. La ley fue aprobada por una abrumadora mayoría en la Cámara de Diputados, con la excepción de dos votos en contra: los de Javier Milei y Victoria Villarruel. Aunque la ley continúa formalmente vigente, en la práctica hoy se encuentra desmantelada.
Su voto en contra se apoyó en los clásicos argumentos del ideario liberal: que la ley implicaba más intervención del Estado y más gasto público. Pero esa vara no parece usarse siempre con la misma rigurosidad. En el caso de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, por ejemplo, que fue calificada por la vicepresidenta como una política que “engendra muerte”. Al mismo tiempo, el Gobierno impulsó campañas por el “Día del niño por nacer”, con carteles en la calle que decían “los niños no se matan” (claro, a menos que padezcan patologías congénitas). Dejando claro que las dos vidas solo importan hasta que el feto nace.
