Esperaba que me toque pagar lo mío en la farmacia y adelante un nene de 8-9 años preguntaba el resultado de Brasil a un empleado con una tele cerca. Gana Noruega 2 a 1. “Uhh, le puse 3 a 1, qué cagada”, responde el changuito. Abuela, cajero, empleados, todos se ríen: a veces se pierde. No sabía que la ludopatía infantil era un chiste. A este mundial se lo comieron las apuestas y los que pierden somos nosotros: los pobres. Quedan dos partidos todavía pero el problema de las apuestas queda.
Que las apuestas corran en paralelo a las competencias ocurre hace miles de años, desde antes que a las competencias de lo que sea se les haya terminado llamando deportes modernos. Todo se moderniza y alcanza nuevas formas de “renovar” las oportunidades. El problema es el entorno digital.
Las apuestas y el fútbol comenzaron en Argentina de manera legal con el histórico PRODE: Pronósticos Deportivos. Se apostaba al ganador, había más premio si acertabas el resultado exacto. Después vino “El Gran DT”, una pasión realmente, pero en sus comienzos se hacía por carta, mandando equipos conformados por los hinchas-jugadores de la competencia. Hasta que llegó la digitalidad. Podés apostar resultados, goles, cambios, cantidad de saques de esquina, lesionados y quién sabe qué más.
¿Qué cambió? Gente jodida por las apuestas las hubo siempre. Y ahí comenzaron las normas: no podés apostar si sos menor de 18 años. Hay que pagar impuestos. Hasta tenemos normas que prohíben que haya cajeros automáticos dentro de casinos y de casas de apuestas. El problema es la digitalidad: ya no hace falta ir al casino real, podés apostar desde el celular o descargándote el “casinito” del Kun Agüero. Nadie te cuestiona si en tu mismo celular tenés aplicaciones de bancos o mercado pago. Al contrario, por eso te aparecen tantas publicidades en las redes.
Este mundial incorpora por sus ansias de ganancias las pausas de hidratación. La excusa de la FIFA es que hace calor -como si antes no tomaran agua cada vez que se detiene el juego-, el problema es que las pausas se hacen aunque el estadio sea techado y climatizado a 20º. Ahí aparecen las publicidades: Una imagen con voz de IA trae de la muerte a Maradona para decirte que tenemos huevos para apostar. Zaira Nara te dice que todo es joda y diversión pero se pone seria para decirte “Sólo para mayores de 18 años”. Y cuando se pone el límite tan ligero, la invitación es a cruzarlo.
En una Argentina empobrecida, con redes sociales que promocionan riqueza veloz y opulencia, la invitación a meterse en las apuestas no es inocente: es una incitación. Un reporte de Unicef Argentina y Unesco llamado “Kids Online Argentina” pone el foco aquí: consultaron a 5.900 niñas, niños y adolescentes del país y el 24% de los adolescentes de entre 12 y 17 años ya apostó “alguna vez” en línea. El 79% de quienes apuestan reconoce el riesgo de adicción. El 69% reporta sufrir de ansiedad y malestar, el 49% ve afectados sus hábitos de sueño y rendimiento escolar, y uno de cada ocho (12%) terminó endeudado, recurriendo inicialmente a amigos y familiares, o incluso al robo. ¿Zaira y los dueños de los derechos de Maradona están al tanto de esto?
La ONG Apostar, con datos de Buenos Aires, ajusta la mira: los jóvenes del estrato medio-bajo son quienes más dinero destinan a las apuestas online. Gastan, en promedio, $48.261 mensuales en casinos virtuales y apuestas deportivas, casi tres veces más que el promedio general, que alcanza los $16.769. Ir al casino físico o a la agencia de quiniela real para pagar con cash es una cosa: hay una noción tangible del dinero invertido. Si la experiencia de la apuesta digital es la de un jueguito en el cel, ¿cómo hacemos?
El fútbol cada vez es más comercial, sin dudas. Cada vez hay menos lugares para jugar a la pelota gratis, entonces hay que pagar por una cancha. Antes conseguías un FIFA para pc o consola pero ahora hay que pagar suscripciones mensuales para tener todo actualizado. Todo se hace para pagar, pagar y pagar. ¿Y con las apuestas? El impacto en los jóvenes y adultos es peligroso: ¿qué hacemos cuando más que libres, estemos endeudados hasta con una aplicación? Que la pelota siempre ruede, porque por suerte, no se mancha. Pero por dios, que las apuestas no le ganen al fútbol.