por: Valentina Olivera
En Argentina, donde viven 46.234.830 personas, casi la mitad de la población tiene algún tipo de deuda. Se trata de 20,9 millones de personas de las cuáles 5,8 millones mantienen deudas en mora, según datos de la Central de Deudores (CENDEU) correspondientes a mayo de 2026.
Para millones de argentinos, el crédito se convirtió en un sustituto frente a la falta de ingresos y la caída del poder adquisitivo. Así lo deja ver un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) el cuál sostiene que el deterioro crediticio y el endeudamiento de las familias es cada vez más alarmante. La morosidad en este segmento se quintuplicó en menos de dos años: en octubre de 2024 se encontraba en 2,5% y en mayo de 2026 alcanzó el 12,3%. El mismo informe destaca que el endeudamiento se concentra en los préstamos personales y las tarjetas de crédito, y que la escalada en ambos comenzó en noviembre de 2024.
Aunque el mayor volumen de deuda se concentra en los bancos, y este año la morosidad con entidades financieras registró un récord al alcanzar el 7,6%, el segmento de las entidades no financieras (dominado por las billeteras virtuales y las Fintech) registra el crecimiento más rápido en términos de morosidad, al haber ascendido a 29,6% en mayo de este año.
El endeudamiento juvenil: una generación que empieza debiendo
Uno de los segmentos más afectados es la juventud, que muestra una clara tendencia al endeudamiento a través de canales digitales. En este grupo, 4 de cada 10 jóvenes de entre 18 y 34 años se encuentran en situación de morosidad, según el informe del CEPA. El panorama es todavía más crítico entre quienes tienen entre 18 y 21 años: 9 de cada 10 entran en mora antes de acceder a su primer empleo formal, de acuerdo con un informe de Provincia Microcréditos del Banco Provincia.
El último dato se condice con el anterior: los créditos, cada vez más accesibles, aparecen cómo una solución a la urgencia del día a día ante las innegables dificultades para acceder al mercado laboral. Por otro lado, los salarios cada vez más bajos, y un costo de vida cada vez más alto también llevan a quiénes sí tienen trabajo, sea formal o informal, a tomar préstamos para cubrir necesidades básicas.
La tendencia hacia el financiamiento digital se explica en gran medida debido a la facilidad de acceso: las billeteras virtuales, a diferencia de los requisitos del sistema bancario tradicional, ofrecen préstamos a cualquiera que tenga una cuenta, a costa de tasas de intereses exorbitantes.
Miles de publicidades que ofrecen créditos al instante, sin requisitos, online y sin complicaciones, lograron la inserción de todo un segmento en el sistema financiero. La contracara de esta inserción es la dependencia de préstamos y un sobreendeudamiento que deriva paradójicamente en la exclusión de miles de jóvenes del sistema: el 37,4% de quienes tomaron créditos en 2025 entraron en mora, y dejaron de ser considerados sujetos de crédito. Estamos ante toda una generación que inicia su recorrido económico con un historial financiero perjudicial el cuál condiciona inevitablemente poder volver a tomar un préstamo en el futuro.
Pan para hoy, hambre para mañana
“Saqué un préstamo de 400 lucas para comprar mercadería, y ahora tengo que pagar un palo… pero bueno estamos todos en esta” dice un trabajador entrevistado en la calle por Futurock. Endeudados con la tarjeta de crédito, el supermercado, la casa de electrodomésticos, el almacén, los clubes, la luz, y la lista continúa. Ahora ¿Por qué se considera que la morosidad es una consecuencia del modelo económico actual? Si bien la desocupación está estable, e incluso registró una leve caída, este indicador está acompañado por un aumento de la subocupación (12,1%) y de la informalidad (44,2%). Es decir, hay trabajo, pero un trabajo de menor calidad, precarizado y parcializado. Estos datos ayudan a comprender de manera clara como la falta de ingresos y la caída del poder adquisitivo de los salarios pesan tanto sobre los bolsillos que el crédito termina apareciendo, muchas veces, como solución para llegar a fin de mes. En este contexto, y por contraposición a la explicación dada por el oficialismo sobre el crecimiento de la mora, resulta insuficiente hablar de falta de educación financiera o responsabilizar por completo a los bancos.
El presidente Javier Milei, en una entrevista con La Nación+, habló sobre el récord de morosidad en términos de un problema de acuerdo entre privados, donde el Estado no puede (ni va a) intervenir. Con respecto a los millones de argentinos que no pueden cumplir con los pagos de sus deudas dijo “¿Les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo?”. Bueno, la pregunta es debatible. Existe una pistola, aunque esta no sea literal. Si tenés una familia que alimentar, un techo que pagar, un remedio que comprar, y el sueldo de tu trabajo – de más de ocho horas – no te lo permite, no estás realmente eligiendo endeudarte: estás solucionando lo urgente y necesario hasta con lo que no tenés.
Ariel Wilkis, doctor en sociología e investigador del CONICET, utiliza el término deuda sacrificio para nombrar, de manera puntual, al tipo de deuda que hoy llevan encima millones de hogares. A diferencia de un crédito destinado a cambiar el auto, refaccionar la casa o financiar un viaje, la deuda sacrificio no abre nuevas posibilidades. La deuda sacrificio es la deuda sin aspiración, la que no te lleva a ningún lugar, la que es simplemente el precio de sobrevivir.
Mientras el acceso al crédito se expande con mayor facilidad que las oportunidades laborales y los salarios continúan perdiendo poder adquisitivo, los deudores quedan atrapados en un círculo difícil de romper: diversas consultoras llegan a la conclusión que muchos vuelven a caer tras reestructurar sus préstamos.
El aumento ininterrumpido de la morosidad deja en evidencia que el endeudamiento ya no responde, en gran medida, a decisiones de consumo o inversión, sino a una estrategia para afrontar el costo de la vida. A esta altura ya no importa si la tasa de interés es alta o no, si el préstamo está ahí y ayuda a llevar el día la gente no lo piensa, lo necesita. Pan para hoy, hambre para mañana describe con precisión la realidad que atraviesan hoy millones de argentinos.
