Mario vivió en el conurbano y conoció al Indio en los 90. No tenia laburo. El Indio fue la banda sonora de esa tristeza. Ahora, en el Hipódromo, está a la derecha del escenario con sus hijos: de escuchar música juntos a buscarla en recitales. Adelante, pegados a la valla, están Valentina y Diego: tienen 27, conocieron al Indio con “El Tesoro de los Inocentes”. Y no pararon más. Detrás de las banderas, Fede abre su campera para mostrar su remera de La Mosca y la Sopa. Vino desde Santiago del Estero. Todos, al mismo tiempo, sintieron como un temblor de tierra pero en el cuerpo: Los Fundamentalistas salieron poquito después de las 21.30 para una nueva misa con 32 temas, mucho pogo, cantar a los gritos y llorar juntos.
La banda sonora de las vidas de tantos entretelazó miles de almas juntas para demostrar que en la resistencia esta todo. Ni siquiera la muerte puede contra el amor: ¿Cómo podemos olvidar a la voz que nos hizo felices, que estuvo ahí cuando estábamos juntos festejando, cuando estuvimos solos, luchando? Y que sigue ahí, mientras pasa todo eso que es vivir. Las despedidas son esos dolores dulces. Juntarse sana, juntarse lo recuerda, juntarse es lo que hay que hacer, dijo a la mitad Pablo Sbaraglia parado delante del teclado.
Que siga siendo así, juntarse es lo que hay que hacer. Para cantar, para el Indio. Por nosotros. Las fotos del carrete son de @LAZ El amor, la misa, la lealtad, de @losfundamentalistasok y de todos los que estamos.



















