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La destrucción de la industria: Argentina en el podio del peor desempeño global

por: Valentina Olivera


Las políticas libertarias están causando estragos en prácticamente todos los sectores productivos del país y la industria es la más golpeada: durante los últimos dos años
Argentina registró el segundo peor desempeño industrial a nivel global entre 56 países. Así lo deja ver un informe elaborado por la consultora Audemus en base a datos de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI). Mientras países de la región como Brasil, Chile y Perú presentan crecimientos de hasta el 6,5%, la industria argentina acumuló una caída del 7,9%, ubicándose sólo por encima de Hungría (-8,2%) en el ranking global. 
Los datos muestran una pérdida alarmante en los índices de producción, consumo interno, empleo y rentabilidad. El Boletín estadístico de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo reveló que, a noviembre de 2025, el país cuenta con 490.419 unidades productivas activas (consideradas por la fuente como entidades, empresas u organismos, públicas o privadas, que producen bienes o servicios y reúnen a una o más personas trabajadoras) y 9.566.573 puestos de trabajo. Mientras que en 2023, el mes previo al inicio del gobierno de Javier Milei, se registraron 512.898 unidades productivas y 9.840.290 personas trabajadoras. Lo que queda en evidencia es una pérdida en cuanto a empresas y empleo aún mayor que la registrada durante la pandemia: en dos años de gestión libertaria cerraron alrededor de 22 mil empresas y con ellas desaparecieron aproximadamente 274 mil puestos de trabajo. Cifras que van en aumento si contemplamos todos los casos de cierres y despidos que sucedieron desde noviembre hasta marzo.
Estas estadísticas se complementan con los informes revelados por el INDEC sobre el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) y la Utilización de la Capacidad Instalada en la Industria (UCI). Ambos informes dejan ver que en diciembre de 2025 las fábricas funcionaban al 53,8% de su capacidad instalada, y que 10 de 16 ramas de la industria registraron caídas interanuales de hasta el 25,7%. 
Estamos ante un panorama que se corresponde con el modelo anti industrialista y extractivista del oficialismo. Si “la mejor política industrial es la que no existe”, frase dicha a fines del año pasado por Pablo Lavigne, secretario de Coordinación de Producción, queda a la vista que la destrucción de la industria nacional no es un daño colateral del modelo económico, sino una política de Estado.
 
Casos testigos
Estos son algunos de los casos de cierres, despidos y suspensiones que se vienen registrando desde 2025 hasta el día de la fecha, marzo 2026. El rubro textil es uno de los sectores más golpeados y enfrenta dificultades en todas las provincias. En Tucumán, las dos plantas de Hilado S.A (pertenecientes a la firma TN & Platex) paralizaron la producción: la primera planta ubicada en Las Piedritas dejó de funcionar en julio del 2025, y el 13 de enero de este año comunicaron el cierre indefinido de la segunda planta en Los Gutierrez. La empresa, principal exportadora textil del país, entró en concurso de acreedores y confirmó que mantendrá firme la suspensión de sus 190 trabajadores, quienes debido a la medida perciben el 75% del sueldo. Esta decisión repercute de manera directa en la economía de cientos de familias tucumanas: el número total de afectados por la crisis empresarial aumenta a 290 personas si se contemplan los otros 100 trabajadores que ya habían sido desvinculados de la empresa en 2025.
 En La Rioja, la planta que mantenía la misma empresa, Hilado S.A, cerró de manera permanente también en diciembre del año pasado. A principios de 2026, en Corrientes y Chaco, la empresa Emilio Alal S.A.C.I.F.I, con más de 100 años de trayectoria, cerró las fábricas ubicadas en ambas provincias dejando a más de 250 personas sin trabajo. En Catamarca, la empresa textil VVC está a punto de anunciar el cierre definitivo y pretende despedir a todos sus trabajadores sin pagar las indemnizaciones, según declaraciones de empleadas de la empresa. 
 Pasando al sector alimenticio, las fábricas de Alimentos Refrigerados S.A ubicadas en Buenos Aires y Córdoba cerraron de manera permanente luego de que la Justicia declarara la liquidación total de la empresa, aquí también se registraron más de 400 despidos. Continuando con el rubro de las bebidas, la planta de Cervecería Quilmes en Zárate, Buenos Aires, redujo el 43% de su personal: de 260 empleados solo 80 mantienen sus puestos de trabajo. 
 En líneas generales, la mayoría de las empresas coinciden en concebir como causas de sus situaciones actuales la caída del consumo interno (producto de una significativa baja del poder adquisitivo), la desregulación y la apertura indiscriminada de importaciones junto a los grandes costos de producción que inciden en la rentabilidad en el mercado. 

Otro cierre sin aviso previo
El 18 de febrero, la histórica empresa de neumáticos Fate O cerró sus puertas y dejó de la noche a la mañana a 920 personas sin empleo. Los trabajadores se enteraron de la decisión empresarial a través de un cartel colocado en la puerta de las instalaciones.
 Un hecho similar ocurrió el 2 de marzo en Tucumán, con la empresa Panpack SA. La fábrica, que durante 50 años se dedicó a producir bolsas para abastecer a los ingenios azucareros, cerró sus puertas de manera inesperada para sus 75 trabajadores. Al presentarse a las 6 de la mañana en la planta ubicada en Los Nogales, se encontraron con la entrada cerrada y con custodia privada de la empresa, que les notificó que ya no tenían trabajo.
 Los trabajadores afirman que el fin de semana anterior les habían dicho “no vengan el lunes”, pero que ese aviso fue verbal e informal. Por esa razón, tras el cierre de la planta decidieron iniciar acciones legales.

Aumento de la conflictividad laboral
Por consecuencia del continuo flujo de cierres y despidos, los índices de conflictividad laboral aumentan de manera acelerada: un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) revela que luego de las elecciones legislativas de octubre de 2025 el promedio de conflictos laborales ascendió a 42 casos por mes. Si contamos los casos de octubre de 2025 a febrero 2026 obtenemos un número de 210 conflictos distintos que involucran a cientos de trabajadores a lo largo de todo el país. 
En Goya, Corrientes, los más de 200 trabajadores afectados por el cierre de la planta de Hilanderia Alal realizan manifestaciones exigiendo el pago de la totalidad de las indemnizaciones. En Buenos Aires, trabajadores de Fate O permanecen en el techo de la fábrica reclamando la restauración de sus puestos de trabajo, “No nos vamos de esta planta. Nos van a sacar muertos a nosotros, no tenemos nada que perder” afirma uno de los 920 trabajadores de Fate que quedaron sin empleo. Frente al impacto social del conflicto, el Ministerio de Capital Humano dictó la conciliación obligatoria y los despidos quedaron frenados. Sin embargo, la medida venció ayer, 18 de marzo, luego de cuatro audiencias entre la empresa y el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA). 

¿Crónica de una muerte anunciada?
 El cierre de cientos de empresas por mes es en realidad una consecuencia esperada dentro de la lógica de ganadores o perdedores que el oficialismo defiende. “Conmigo van a tener que competir… servir al prójimo, ofrecer productos de mejor calidad o a mejores precios, o ir a la quiebra” es lo que el presidente sostenía durante su campaña electoral, y que reafirmó en el discurso de apertura de las sesiones ordinarias en el Congreso. Sin embargo, este planteo decide omitir un aspecto central: la competencia no se desarrolla en condiciones iguales. La mayoría de las importaciones provienen de Brasil y China, países con estructuras industriales de mayor escala que cuentan con acceso al crédito más barato y políticas estatales de promoción industrial.
El gobierno nacional exige eficiencia en un contexto donde no existen políticas públicas ni inversiones que fomenten el crecimiento. El aumento en el consumo de productos importados se da a su vez por una caída importante del poder adquisitivo: las personas, con salarios cada vez más bajos, optan por la oferta más económica, e inevitablemente lo barato termina costando más caro al país.
 Por eso, aunque al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, le cueste encontrar la relación causa-consecuencia entre el aumento de consumo de productos importados y la pérdida de empleo, el hilo conector es evidente. Si la gente no consume lo que las fábricas argentinas producen, si las empresas dejan de ser rentables, cierran, y dejan a cientos de familias con un ingreso menos, o, peor aún, sin su único sustento económico. Esta es la realidad en la que se sancionó la reforma laboral, presentada como una herramienta para estimular la contratación, en una economía donde el número de unidades productivas sigue cayendo y los puestos de empleo formal desaparecen.
En Nueva York, recientemente el presidente Milei afirmó que “aquellos que defienden la industria nacional son unos chorros”. Al revés que en el resto del mundo, la política industrial para este gobierno es un obstáculo y no una herramienta de desarrollo.

Meta Crisis, periodismo desde la periferia. Tucumán, Argentina