Del 7 al 10 de octubre, la Bienal Argentina de Fotografía Documental celebra su XII edición. Desde su creación, en 2004, el encuentro sostiene una apuesta por la fotografía como espacio de encuentro, reflexión y pensamiento crítico. En esta edición, además, se incorpora a la Asociación Internacional de Festivales de Fotografía (IPFA). Su fundador y director, Julio “Chino” Pantoja, repasa el origen de la Bienal, su crecimiento y la necesidad de seguir pensando las imágenes en un presente atravesado por ellas.
En 2004, cuando nació la Bienal Argentina de Fotografía Documental en Tucumán, la idea era concreta: que el norte del país pudiera contar con un festival dedicado a la fotografía. Desde el comienzo la principal preocupación de Julio Pantoja, fundador y director del encuentro, era poder construir un espacio de reunión para fotógrafos, fotógrafas, artistas y personas interesadas en la imagen. “Las ganas fueron poder tener en el norte del país un festival de fotografía, pero tan importante como eso era tener un festival con características de encuentro de verdad”, recuerda.
La propuesta partía de una observación sobre otros festivales, especialmente aquellos desarrollados en grandes capitales. Pantoja buscaba una experiencia diferente, basada en el intercambio directo y en vínculos más horizontales. “Un lugar donde este colectivo de fotógrafos, fotógrafas y amantes de la fotografía pudiera encontrarse y compartir de una manera muy horizontal, cosa que normalmente yo veía que no sucedía en la mayoría de los festivales, mucho menos en los de las grandes capitales”, explica.
Tucumán ofrecía, en ese sentido, una condición particular. Una ciudad con la infraestructura necesaria para sostener un encuentro de estas características, pero con una escala que permitía favorecer el contacto personal.
Con el paso de los años, esa idea inicial se fue consolidando. La Bienal amplió sus actividades y sus participantes, pero sostuvo una de sus búsquedas centrales: mostrar la producción fotográfica argentina y, al mismo tiempo, generar un espacio para pensar críticamente el lugar de las imágenes en la cultura.
La fotografía como construcción de la realidad
Para el Chino, hablar de fotografía implica necesariamente hablar de la forma en que construimos aquello que entendemos como realidad. Las imágenes no son solamente registros de un mundo que existe previamente: también participan de la forma en que ese mundo es percibido, narrado y comprendido.
“Estamos participando de la construcción de la realidad”, sostiene.
Esa perspectiva atraviesa la historia de la Bienal y ayuda a explicar por qué el encuentro combina exposiciones con instancias de conversación, reflexión e intercambio. La fotografía documental, en este marco, no aparece solamente como una práctica destinada a registrar acontecimientos, sino como una herramienta capaz de intervenir en la construcción de memoria, identidad y narrativas sociales.
Después de más de dos décadas, Pantoja considera que ese espíritu no solamente permanece, sino que se fue fortaleciendo: “Con mucho orgullo te puedo decir que ese espíritu no solamente se va manteniendo, sino que lo fuimos consolidando, lo fuimos puliendo”.
De Tucumán al mundo
La historia de la Bienal también fue ampliando su dimensión internacional. Lo que inicialmente ocurrió de manera casi casual se convirtió, con el paso del tiempo, en una estrategia para generar vínculos con otros fotógrafos y ampliar las posibilidades de intercambio.
En esta XII edición, la Bienal se integra a la Asociación Internacional de Festivales de Fotografía. Pantoja recuerda que el acercamiento comenzó a partir de una invitación del Festival de Fotografía Experimental de Barcelona para formar parte del grupo que impulsaba la creación de una asociación internacional. La decisión de sumarse fue inmediata.
“La proyección internacional es una de las cosas que al principio se fue dando casi casualmente y que después nos dimos cuenta de que estaba bueno trabajar. Entonces nos planteamos estrategias para poder conseguirlo, porque entendemos que el diálogo con otros festivales es fundamental para la consolidación y el aprendizaje mutuo”.
La integración a una red internacional permite, además, poner en circulación experiencias y conocimientos entre festivales de diferentes regiones. Para Pantoja, ese intercambio resulta central para pensar nuevas estrategias y fortalecer los proyectos.
Una comunidad que hace propia la Bienal
Sostener un festival independiente durante más de veinte años también implica construir una trama de colaboraciones. La Bienal reúne a fotógrafos y fotógrafas, artistas, estudiantes, investigadores, instituciones y público en general, y a su vez convoca a invitados de amplia trayectoria que participan del encuentro en un contexto diferente al de otros circuitos internacionales.
Para Pantoja, una de las claves está en conseguir que el espíritu del festival trascienda al equipo que lo organiza y pueda ser compartido por quienes participan.
“Una de las cosas importantes es poder transmitir eso como objetivo. Hacer que eso trascienda al equipo de organización, que se conozca y que se lo viva para poder empatizar y asumirlo”.
Ese proceso permitió que un grupo cada vez mayor de personas percibiera la Bienal como algo propio. La colaboración también se extiende a los invitados. Fotógrafos, investigadores, académicos y especialistas participan de la Bienal atraídos no solamente por la posibilidad de presentar su trabajo, sino también por la experiencia de encontrarse con la producción que se desarrolla en Argentina.
“Abrir una bienal es venir y tener un termómetro, conseguir ver el pulso de lo que pasa en la fotografía en Argentina”, explica el Chino.
En ese intercambio, la Bienal funciona también como una plataforma de circulación y reconocimiento de la producción fotográfica local y nacional, con una mirada que alcanza, según el director, al contexto latinoamericano.
Volver a encontrarse frente a las imágenes
La necesidad de sostener este tipo de espacios adquiere una dimensión particular en un presente donde las imágenes forman parte de la vida cotidiana. Las pantallas multiplicaron la circulación de fotografías, pero también transformaron las formas de mirar y de relacionarnos con ellas.
Frente a ese escenario, la Bienal propone volver a habitar el espacio público para mirar colectivamente. Para Pantoja, ambas cuestiones están relacionadas, pero no son exactamente lo mismo. Disputar el espacio público es una estrategia; pensar la fotografía es una necesidad.
“Entender que la fotografía atraviesa más que nunca en la historia de la humanidad la construcción de la realidad. Entonces, hay una conciencia de eso y de que lo que nosotros hacemos, sobre todo los que trabajamos profesionalmente, tenemos una incidencia real en la construcción del mundo. A partir de eso, disputar el espacio público es una estrategia.”
La reflexión sobre la fotografía no termina ahí. Sino que también supone detenerse, conversar y volver sobre las imágenes: “Pensar la fotografía es una necesidad. Es algo fundamental justamente para poder hacer”.
La Bienal convierte esa necesidad en una práctica colectiva. Sentarse a mirar, discutir, intercambiar puntos de vista y volver a hacerlo forma parte de una búsqueda que, para Pantoja, no tiene un punto final.
La XII Bienal Argentina de Fotografía Documental será, una vez más, una invitación a encontrarse alrededor de las imágenes. A mirar no solamente lo que muestran, sino también aquello que producen en nosotros y en el mundo que habitamos.
El programa completo de la XII edición puede consultarse en fotobienal.com.ar
