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La utopía de la “Utopía”

Por Carlos Bazan
“Las utopías no envejecen porque fracasan. Envejecen porque cambian las preguntas”
Las ciudades suelen contarse a través de aquello que construyeron. Sus avenidas, plazas, edificios públicos y barrios permiten reconstruir las decisiones con las que una sociedad imaginó su futuro. Sin embargo, existe otra forma de leerlas: a través de aquello que nunca llegó a existir. Los proyectos inconclusos también forman parte de la historia urbana. En ocasiones, incluso, terminan revelando más sobre una ciudad que las obras finalmente construidas, porque permanecen suspendidos en el tiempo, disponibles para ser interrogados por generaciones que ya no comparten las mismas certezas de quienes los imaginaron.
La Ciudad Universitaria de San Javier pertenece a esa categoría. Concebida durante el rectorado de Horacio Descole, en el extraordinario clima intelectual que rodeó al Instituto de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de Tucumán, fue uno de los proyectos más ambiciosos de la arquitectura moderna argentina. Bajo la dirección de Eduardo Sacriste y con la participación de arquitectos como Horacio Caminos, Jorge Vivanco y Enrico Tedeschi, la universidad imaginó mucho más que un conjunto de edificios para la enseñanza. Imaginó una ciudad.
La propuesta excedía ampliamente la construcción de nuevas facultades. Sobre la Sierra de San Javier debía levantarse un organismo urbano completo donde la enseñanza, la investigación, la vivienda, el deporte, la cultura y la vida cotidiana convivieran dentro de una estructura única. La universidad dejaría de expandirse dentro de San Miguel de Tucumán para fundar un nuevo asentamiento sobre la montaña, capaz de crecer con autonomía y convertirse en un modelo de organización territorial. Aquella decisión respondía a una profunda confianza en el proyecto como instrumento para transformar la sociedad, una convicción compartida por buena parte del urbanismo moderno.
Pero quizá lo más interesante de aquella propuesta no sea su escala, sino la claridad de las preguntas que intentaba responder. En documentos del propio Instituto de Arquitectura y Urbanismo se sostenía que instalar la Ciudad Universitaria en el cerro significaba “ponerse en escala con los auténticos problemas del medio y no con los problemas de la ciudad de Tucumán”. La frase resulta reveladora porque permite comprender que la elección de la montaña no obedecía únicamente a razones paisajísticas o funcionales. Expresaba una posición intelectual. La universidad debía mirar el territorio antes que la ciudad consolidada; debía pensar la región antes que sus límites inmediatos.
Leída desde ese contexto, la Ciudad Universitaria deja de ser una obra inconclusa para convertirse en la expresión coherente de una manera de entender el mundo. Resultaría injusto juzgarla con los criterios ambientales, urbanos o culturales del siglo XXI. Sus autores respondían con enorme lucidez a las preguntas de su tiempo. El verdadero desafío consiste, entonces, no en decidir si tenían razón, sino en preguntarnos si nosotros seguimos formulando las mismas preguntas.

Plano de conjunto masterplan completo de CU (fuente revista Nuestra arquitectura 1950).


Durante décadas, la historia de San Javier fue contada como la historia de una oportunidad perdida. Las ruinas dispersas sobre la montaña, los planos nunca ejecutados y las obras interrumpidas parecían confirmar que Tucumán había dejado escapar uno de los proyectos universitarios más importantes de su historia.
La nostalgia ocupó el lugar de la reflexión y el relato quedó atrapado entre aquello que pudo haber sido y nunca fue.
Sin embargo, el paso del tiempo modifica la naturaleza de las utopías. Mientras pertenecen a su época, parecen señalar con claridad el camino hacia el futuro. Cuando ese futuro ya pasó, comienzan a revelar algo diferente: las preocupaciones, las expectativas y las convicciones del tiempo que les dio origen. Las utopías hablan menos del porvenir que imaginan que del presente que las necesita.
Quizá por eso la pregunta más interesante ya no sea por qué la Ciudad Universitaria nunca llegó a construirse. Tal vez la verdadera pregunta sea otra: ¿qué ciudad nació precisamente porque ese proyecto no se concretó?
Mientras San Javier permanecía como una posibilidad inconclusa, la Universidad Nacional de Tucumán comenzó a consolidarse en la Quinta Agronómica. Con el paso de las décadas, aquel predio dejó de ser simplemente el lugar donde se levantaban nuevas facultades para convertirse en uno de los principales motores urbanos de San Miguel de Tucumán. El actual Centro Herrera no sólo organiza la actividad académica de miles de estudiantes y docentes; también estructura recorridos cotidianos, sostiene comercios, activa el transporte público, genera espacios de encuentro y termina definiendo la identidad de una parte importante de la ciudad. La universidad no sólo encontró un lugar dentro de la trama urbana. También contribuyó a producir esa trama.
Es entonces cuando el ejercicio de imaginar adquiere un sentido distinto. Si la Ciudad Universitaria hubiera sido construida sobre la Sierra de San Javier, no habría cambiado únicamente el emplazamiento de las facultades. Habría cambiado la historia urbana de Tucumán.
Resulta inevitable imaginar una ciudad donde la Quinta Agronómica nunca hubiera sido ocupada por la universidad. ¿Habría continuado la trama urbana atravesando aquel inmenso vacío hasta integrarlo naturalmente al crecimiento de la ciudad? ¿Se habría transformado, con el tiempo, en un gran parque metropolitano, uno de esos espacios públicos capaces de estructurar una nueva centralidad al sur de San Miguel de Tucumán? ¿O habría terminado fragmentándose bajo otras lógicas de expansión? Ninguna de estas hipótesis puede comprobarse, pero todas permiten comprender que decidir dónde se implanta una universidad es también decidir qué ciudad podrá construirse a su alrededor.
Del mismo modo, también resulta difícil imaginar que una ciudad universitaria para decenas de miles de habitantes hubiera permanecido contenida dentro de los límites originalmente proyectados. Las ciudades nunca dejan de crecer. Habrían aparecido nuevas viviendas, infraestructuras, comercios y servicios; probablemente nuevas urbanizaciones habrían buscado aproximarse a la universidad y la presión sobre la Sierra de San Javier habría aumentado con el paso de las décadas. La montaña que hoy reconocemos como uno de los paisajes naturales más valiosos de Tucumán seguramente sería distinta. No porque el proyecto hubiera sido equivocado, sino porque toda ciudad transforma inevitablemente el territorio sobre el que se asienta, incluso cuando nace con las mejores intenciones.
Estas imágenes no buscan reemplazar una utopía por otra. Tampoco pretenden afirmar que la universidad debía permanecer necesariamente dentro de la ciudad. Lo que intentan mostrar es que toda decisión urbana produce consecuencias que exceden ampliamente las razones que le dieron origen. Ningún proyecto puede prever la totalidad de los procesos que desencadenará durante los siguientes cincuenta o cien años.
Tal vez sea allí donde la Ciudad Universitaria de San Javier adquiere un nuevo significado.
Ya no como el proyecto que no llegó a realizarse, sino como una oportunidad para volver a pensar qué entendemos hoy por universidad.
Porque una universidad no produce únicamente conocimiento. Produce ciudad.
Produce encuentros, conflictos, recorridos, economías, espacios públicos y formas de convivencia. La experiencia universitaria no ocurre exclusivamente dentro del aula. También sucede en el trayecto hacia una clase, en una conversación improvisada sobre una vereda, en una librería, en un café, en el transporte público o en la observación cotidiana de la ciudad sobre la que, tarde o temprano, cada profesión terminará interviniendo. Existe un aprendizaje silencioso que ninguna planificación puede diseñar por completo y que surge precisamente del contacto permanente con la complejidad urbana.
Quizá esa sea la verdadera utopía sobre la utopía.
No preguntarnos si la Ciudad Universitaria debió construirse o no. Preguntarnos si hoy seguiríamos imaginando la universidad de la misma manera.
Las preguntas cambiaron. Cambió nuestra manera de comprender el paisaje, la naturaleza, el patrimonio, la expansión urbana y el papel de las instituciones dentro de la ciudad. Cambió, sobre todo, nuestra manera de entender que el territorio no es un soporte vacío sobre el que se dibujan proyectos, sino una construcción colectiva donde cada decisión altera muchas otras que todavía no conocemos.
La Sierra de San Javier permanece allí. También la ciudad.
Desde la montaña todavía puede verse San Miguel de Tucumán extendiéndose sobre el llano. Quizá esa imagen resuma mejor que cualquier plano la historia de este proyecto. No porque permita imaginar la ciudad que nunca existió, sino porque obliga a mirar la ciudad que sí construimos.
Tal vez ese sea el legado más profundo de la Ciudad Universitaria. No los edificios inconclusos ni los planos que quedaron archivados. Tampoco la nostalgia de una obra que no fue. Su mayor legado consiste en recordarnos que toda utopía pertenece al tiempo que la imagina y que cada generación tiene la responsabilidad de volver a preguntarse qué ciudad desea construir.
Porque las montañas permanecen. Las ciudades cambian.
Y las preguntas con las que imaginamos el futuro cambian todavía más.
 
Foto de portada: Fotomontaje del proyecto de Ciudad Universitaria completo con el avance de la ciudad en el cerro 
 
Bibliografía consultadas y fuentes ilustrativas
  • Revista Nuestra Arquitectura, Año 22, Nº 254. La Ciudad Universitaria de Tucumán. Editorial Contemporánea, Buenos Aires, septiembre de 1950.
  • Marigliano, Franco. El Instituto de Arquitectura y Urbanismo de Tucumán. Modelo arquitectónico del Estado y Movimiento Moderno en Argentina (1946–1955). Tesis doctoral, Universidad Politécnica de Madrid, 2004.
  • Villavicencio, Susana. La ciudad universitaria de Tucumán: contexto y circunstancias de una utopía. Revista Arquitecturas del Sur, 2019.
  • Ahumada Ostengo, Hugo. Lo regional y lo universal. La herencia de la Escuela de Arquitectura de Tucumán. Tesis doctoral, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 2007.
 

Meta Crisis, periodismo desde la periferia. Tucumán, Argentina