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Para La Madrid, no hay resurrección

Por: Milagro Mariona y Camila López Morales
Imágenes: Milagro Mariona y Sebastián Lorenzo Pisarello
Cobertura colaborativa entre Meta Crisis y La Nota


La Semana Santa encuentra a los vecinos y vecinas de La Madrid intentando volver a sus cotidianidades después de tener que abandonar sus casas por varios días para esperar que el agua baje, tras la peor inundación de la que tienen recuerdo. 
En las calles del pueblo persisten las marcas del desastre. En el interior de las casas también: humedad enquistada en las paredes, maderas hinchadas por el agua, el moho colonizando las superficies.
Pasaron tres semanas del temporal que inundó las viviendas con dos metros de altura. Las tareas de limpieza y de descarte de lo que el agua volvió inservible aún no terminaron para los madrileños. 


A metros del Hospital Ramón Maza, por el Boulevard Roca, un gran basural a cielo abierto se extiende por más de 300 metros dando cuenta de las pérdidas: colchones, muebles, ropa, comida, electrodomésticos y todo tipo de elementos del hogar juntan olores nauseabundos, insectos y agua estancada. 
Mientras los trabajos de limpieza y recuperación atraviesan el día a día de los vecinos, la sensación de impotencia y de desamparo los gobierna. Para muchos de ellos, es la sexta inundación que viven: 1992, 2000, 2015, 2017, 2019 y 2026. Volver a casa tras las lluvias se volvió una triste rutina, que cada vez llega con más cansancio y resignación.
A pesar de las tragedias sucesivas, según los datos del último censo, entre 2010 y 2022 la población madrileña tuvo un incremento del 87.4%, llegando a ser hoy de casi 6.000 habitantes. “Un pueblo de emprendedores” dice un cartel en la Plaza principal y así parece ser. El arraigo y el deseo de seguir habitando ese territorio es más fuerte que cualquier cauce de río desviado. 
Muchas familias perdieron todo. Siguen necesitando muebles, electrodomésticos, ropa, vajilla y productos de higiene. Frente a la emergencia, la solidaridad del pueblo tucumano es un sostén indispensable para atravesar los días más difíciles. 


Esta última inundación caló tan hondo que se llevó hasta la esperanza. Las comisiones vecinales se fueron horadando como los cimientos de las casas. Sin embargo, muchos luchan contra esa resignación e intentan organizarse para exigir soluciones al Estado provincial y señalar responsabilidades. Desde hace años ven llegar al pueblo a distintos profesionales que realizan diagnósticos y hojas de ruta para mitigar el daño producido por las inundaciones. Sin embargo, esos proyectos nunca ven la luz. 
Los pobladores se convirtieron en expertos, conocen sobre sedimentología, hidrología e ingeniería. Recuperan mapas viejos para encontrar los cauces naturales de los ríos que fueron modificados por productores privados y poder encontrar las respuestas y soluciones que necesitan. Saben del cambio climático y viven en carne propia las consecuencias de la deforestación. 


“El proyecto que presentó la Comisión está cajoneado”, nos dice Juan, un pequeño productor nacido y criado en La Madrid. Luego de la inundación de 2017, se conformó en la Legislatura de Tucumán la Comisión Especial de Emergencia Hídrica (CEEH) -integrada por un equipo multidisciplinario de especialistas de diversas instituciones de la UNT y el Estado- que en 2019 presentó el informe “Lineamientos para la elaboración de los Planes Hídricos Estratégicos de la provincia de Tucumán”. Se trata de un estudio extenso y completo que analiza cómo resolver el colapso medioambiental y de infraestructura que deja al sur de la provincia bajo el agua cíclicamente. El informe diagnostica problemas críticos como la emergencia hídrica, la expansión urbana descontrolada sobre el pedemonte y la degradación de los suelos productivos. También propone un conjunto de directrices que integran aspectos ambientales, productivos y de infraestructura bajo una visión de desarrollo sustentable coordinadas desde el Estado para resolver esta crisis. 
El diagnóstico realizado por profesionales y técnicos de la UNT deja claro que la problemática no se limita a un fenómeno meteorológico aislado, sino que es el resultado de un entramado multicausal donde convergen factores naturales, intervenciones desmedidas del ser humano y una gestión institucional históricamente fragmentada.
Si bien La Madrid está ubicada en un terreno deprimido, “el pecado original” al que hizo referencia el gobernador Osvaldo Jaldo no es que haya un pueblo allí asentado, sino que no se destinen los fondos correspondientes para articular acciones integrales que prevengan y mitiguen nuevas inundaciones.
En La Madrid se respira duelo, desesperanza y enojo. Pero al mismo tiempo mucha fuerza y la certeza de que las inundaciones pueden evitarse, con voluntad política y esfuerzo colectivo. En este domingo de Pascuas de Resurrección, los vecinos no esperan milagros, esperan soluciones.

Meta Crisis, periodismo desde la periferia. Tucumán, Argentina