El último afán estúpido de Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, es que sólo podamos leer libros de grandes cadenas. ¿A quién le conviene? A Amazon y a Mercado Libre, aunque se fundan las miles de pequeñas librerías en todo el país. Es tan grave que nadie del mercado librero argentino defiende el nuevo régimen que se impondrá por ley y encima afectará a instituciones sin fines de lucro y bibliotecas populares que ya no podrán comprar libros con descuentos.
El gobierno de Javier Milei busca derogar la ley 25.542, de defensa de la actividad librera. En el anteproyecto además se propone eliminar los pilares de la ley 25.446 de Fomento del Libro y la Lectura, entre ellos, el Fondo Nacional que sostiene programas públicos de lectura. Después nos quejamos cuando sale la noticia: “cada vez menos gente entiende lo que lee”.
El argumento de Sturze es que bajarán los precios: es su caballo de Troya. Su intentona es dogmática: el mercado del libro no cambia la macroeconomía, no bajará el riesgo país ni se mejorará el superávit. Busca sostener que el libro es una mercancía común y corriente, que no necesita del Estado para intervenir entre lectores y librerías. Una medida que fracasó en otros países, como Inglaterra o Grecia. Si el precio de los libros de verdad les importara, la intervención sería sobre el mercado del papel: pocas empresas controlan el insumo que significa el 50% del gasto para cada ejemplar.
La ley de Defensa de la Actividad Librera establece un precio fijado para que cada título salga lo mismo en Tucumán, Chaco, Buenos Aires o Santa Cruz. De esa manera, a lo largo de los 24 años de vigencia, se favoreció a las librerías y editoriales “chicas”, que publican autores, novelas y títulos emergentes o con temas que los grandes sellos no se interesan. La ley permite descuentos en ferias, con precios especiales para escuelas, bibliotecas e instituciones sin fines de lucro, flexibilizando el precio donde más se necesita.
El Reino Unido abandonó su acuerdo de precio fijo (Net Book Agreement) en los 90, con el mismo argumento de Sturze: será más barato. ¿Qué pasó? Los bestsellers se abarataron en los supermercados al principio, pero después cerraron más de la mitad de las librerías, se concentró todo en pocas cadenas y en Amazon. Los precios subieron más que la inflación. Francia, Alemania y Argentina hicieron el camino opuesto y dio resultado. Tampoco tenemos que irnos tan lejos: en Brasil y en México, sin leyes de fomento, Amazon hizo añicos el sector.
Sturze en realidad busca entregarle un nuevo mercado a Amazon y a Mercado Libre. Desde La Libertad Avanza argumentan que la ley de fomento a derogar es “una ley kuka”. Perdón por ser tan kuka por pretender que una persona pague lo mismo por un libro sin importar donde viva pero la ley ni siquiera es “kuka”: fue tratada en 2001 y 2002, cuando no existía el kirchnerismo. Encima la desregulación elimina los fondos para las Bibliotecas Populares. Entre esto y los recortes a Universidades, evidentemente quienes quieren a un pueblo sin educación es Milei y compañía.
Al combo de cambios se suma un punto que afecta a traductores y locutores: como se privilegia a las grandes cadenas, dejan de hacerse traducciones rioplatenses y las novelas extranjeras ahora llegarán a nuestras manos traducidas del inglés, francés o cualquier idioma al español de España. El “wanna fuck?” no será “¿querés coger?” si no “¿Quieres que me corra en tu polla?”. La verdad, qué ganas de ser colonia que tienen algunos.
El impacto de la destrucción del marco librero es particularmente devastador a nivel regional. Facundo Íñiguez, al frente de La Papa Editorial y autor tucumano, apunta a que la cadena de desventajas en las que trabaja directamente no se acortará, se cortará.
“La norma que quieren derogar tiene además un impacto particular en Tucumán. Estamos en una desventaja frente a las editoriales corporativas, porque el precio del libro está altísimo, vinculado a la crisis económica y también al monopolio del papel, que fija un precio elevadísimo. Las editoriales grandes tienen otro caudal y otro acceso a precio por cantidad, porque hacen tiradas de 2.000 ejemplares por título bajando el costo, tienen una distribución nacional en cadenas como Yenny o Cúspide les reditúa. Estas editoriales trabajan con autores que podríamos llamar consagrados”, explicó Íñiguez para explicar el funcionamiento del marco actual. “Las editoriales independientes locales estamos en otro registro, con otra envergadura, con tiradas de 300 ejemplares. Si accedemos al circuito nacional, se resigna el 70% de la ganancia. Ya estamos en desventaja y si encima se desregula el Precio de Venta al Público (PVP), entonces las librerías independientes perderán ventas y perderemos las editoriales independientes. Esta cadena cada vez se acorta más y se terminará erradicando la difusión independiente. No hablo del nivel económico solamente, sino que a nivel cultural y político se silenciará a voces emergentes, limitando el imaginario simbólico de una comunidad. A la larga no habrá producción de literatura independiente, habrá una producción única de grandes cadenas”.
Hay otro punto clave que marca Íñiguez, las librerías independientes que se nutren de las editoriales locales son espacios donde la curaduría y las recomendaciones se hacen pensando en el interés de los lectores y compradores, y no sólo por marketing. “Las librerías independientes son espacios de encuentros, de construcción de comunidad, espacios de transmisión donde toda la gente interesada en la literatura y que no tiene relación con lo académico, toma talleres, conoce nuevos libros por su calidad y no por una definición tomada por el departamento de marketing de una gran cadena cuyo interés es vender. Insisto: la consecuencia no es sólo económica con el cierre de editoriales y librerías locales, afectará la producción cultural de las regiones”.
Festivales como el Filt y el Fideo, organizados de manera independiente, son espacios de resistencia activa frente al arrasamiento cultural que propone la derogación de esta ley. Porque en esos espacios se encuentran autores, lectores y editoriales independientes; y se produce un intercambio que sostiene el campo literario de la región.
Este viernes y sábado es el filt, donde habrá una mesa de debate sobre la derogación de la ley.
Pasamos en muy pocas semanas de cantar el himno, de emocionarnos con “coronados de gloria vivamos, o juremos con gloria morir”, de la bandera “Las Malvinas son Argentinas” a que el Congreso debata una ley que arruina el mercado local, la “bibliodiversidad”, y una de las joyas que también definen la identidad Argentina: el país de las librerías. ¿Y si hacemos patria de verdad?