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Un movimiento estudiantil fragmentado busca su lugar en la protesta universitaria

Por: Emiliano Canseco

El veto de Javier Milei a la Ley de Presupuesto Universitario partió en dos al movimiento estudiantil en Tucumán. Lo que parecía ser un bloque homogéneo en las últimas dos marchas universitarias federales terminó por exponer su fragmentación luego de la confirmación del veto en la Cámara de Diputados de la Nación. 

Mientras algunas agrupaciones tomaron la iniciativa con una postura combativa que revive el recuerdo de viejos reclamos universitarios, otras se mueven con moderación, a la espera de la evolución del conflicto y respondiendo a lo que aparenta ser la opinión mayoritaria de los estudiantes que representan.  

Los combativos de siempre
Cinco instituciones de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) actuaron rápidamente luego de la confirmación del veto, casi por instinto: las facultades de Artes, Ciencias Naturales, Filosofía y Letras y Psicología; a las que se suma la Escuela Universitaria de Cine, Video y Televisión. En todos los casos, el procedimiento fue similar: una asamblea, ya sea estudiantil o interclaustros, aprobó la toma de la institución. 
Los que “primeriaron” la postura combativa fueron Artes y Ciencias Naturales. En el primer caso, la toma se extendió hasta el jueves pasado. En el segundo, la medida duró 24 horas. Filosofía y Letras, Psicología y Cine se alinearon con tomas extensas, en sintonía con la iniciativa de Artes. Así, permanecieron tomadas hasta la última semana.  
En cuanto a las escuelas preuniversitarias, un grupo compuesto por la Escuela de Agricultura y Sacarotecnia (EAS), la Escuela de Bellas Artes (EBA) y la Escuela y Liceo Vocacional Sarmiento siguieron la línea de Naturales, protagonizando tomas simbólicas y “relámpagos”, cuya extensión era la misma que la de una jornada escolar de secundaria. 
Así, ya sea con tomas extensas o cortas, activas o simbólicas, esta medida más extrema llegó a extenderse en un total de 8 instituciones pertenecientes a la UNT.
Asamblea Interfacultades(21/10/24)-Fotografía de Constanza Celeste Antonio 
El otro polo, entre la moderación y la inacción
Mientras el grupo combativo aceleraba sus asambleas y sus medidas, el resto miraba con prudencia y se movía con moderación. El primer rechazo a las tomas estuvo en la Facultad de Agronomía, Zootecnia y Veterinaria. Allí, los miembros de la agrupación MIVAZ, conducción del centro de estudiantes, descartaron esta posibilidad. Este mismo camino fue recorrido por otras dos agrupaciones que conducen sus respectivos centros de estudiantes: Redes, de la Facultad de Medicina, y la filial de la Franja Morada en la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología. En todos los casos, la justificación es similar: se apoya el reclamo por más financiamiento, pero se realiza con las “aulas abiertas”.
Las agrupaciones más combativas de estas facultades, relegadas a posiciones secundarias en las últimas elecciones universitarias, tomaron nota de esta moderación con la que se mueven las agrupaciones masivas que gravitan, especialmente, el conglomerado de la Quinta Agronómica. “No hay consenso. La Quinta es difícil realmente”, comentaba la primera semana del conflicto una militante de Arquitectura y Urbanismo. 
Si bien el extremismo no es una marca recurrente en estas facultades, sí se han desplegado una serie de actividades de menor alcance y, también, con menor adhesión: asambleas, clases públicas y cartelazos son algunas de las medidas impulsadas por grupos de docentes y estudiantes.
Marcha Federal Universiaria (17/10/24)-Fotografía de Sebastián Pisarello
La espada y la pared
En este panorama, el movimiento estudiantil se enfrentará a dos grandes problemas en las siguientes semanas. 
Por un lado, la espada: el Gobierno nacional logró vetar la Ley de Financiamiento Universitario, por lo que el ajuste seguirá firme en las universidades. La protesta de la comunidad universitaria deberá sobrevivir con salarios docentes que perdieron más del 30% contra la inflación y con un presupuesto que cayó un 40,2% respecto a 2023, según los datos aportados por el Consejo Interuniversitario Nacional y por Argentinos por la Educación respectivamente. Pero, además, deberá enfrentarse a un gobierno al que una facultad cerrada parece no preocuparle, mucho menos cuando se trata de las que más suelen sufrir los ataques discursivos del presidente y sus simpatizantes. 
Por otro lado, la pared: un movimiento estudiantil fragmentado, con posiciones disímiles. Esta fragmentación es más profunda de lo que aparenta ser: parte de la herida en el movimiento estudiantil se manifestó en la primera asamblea general que tuvieron los estudiantes de Filosofía y Letras. Allí, los participantes del Movimiento de Participación Estudiantil (MPE) no perdieron la oportunidad de recriminarle a la Federación Universitaria de Tucumán (FUT) lo que consideran una postura pasiva y permisiva. Es una herida que no se cura desde 2022, cuando el MPE rompió con la FUT en el proceso de renovación de autoridades del máximo órgano de representación estudiantil de la UNT, denunciando irregularidades en el proceso. 
La fragmentación también encontró motivos ideológicos. Por lo bajo, el MPE le recrimina a la Franja Morada, quien preside la FUT, su cercanía a Mariano Campero, diputado que tuvo un rol clave para blindar el veto de Milei. “Hicieron campaña por él. Todo lo que tienen es gracias a él”, denuncian los militantes, mientras hacen circular una foto de Campero con Milagro Céliz, presidenta de la Federación.  
Estos entredichos y conflictos se repiten al interior de cada facultad, donde la rivalidad entre las agrupaciones está atravesada tanto por las diferentes visiones como por sus historias electorales. En Ciencias Económicas, por ejemplo, todavía están latentes las acusaciones entre Innova, actual conducción del centro, y la Franja Morada, donde el primero le recrimina al segundo haberle “robado” una elección. La “pica” estudiantil con el MPE también se replica desde la Izquierda, donde el segundo apura al primero en la profundización de la protesta.
La narrativa instalada desde el Gobierno tampoco ayuda: en su propio esquema de interpretación, una toma, una marcha o cualquier otra interrupción del “estado natural” de las cosas es visto como un intento reactivo de “la casta”.  Un detalle que no pasa desapercibido para los estudiantes que aprobaron las tomas, quienes se enfrentan al mismo dilema desde hace dos semanas: ¿qué tan estratégico es ejecutar esa medida en la actualidad?
Con una narrativa en contra, lo cierto es que el movimiento estudiantil no puede prescindir del apoyo de ciertas agrupaciones. Simbólicamente, ocho tomas generan un impacto que queda atenuado al considerar que la UNT tiene 13 facultades, dos escuelas universitarias y ocho escuelas preuniversitarias. 
Siguiendo los datos de las últimas elecciones, las cuatro facultades tomadas solo representan un 25% del padrón electoral estudiantil universitario, aproximadamente 6.000 estudiantes. Para ilustrar la desproporción en el peso de cada unidad académica basta mencionar el caso de Medicina, que aglutina más de 5.000 estudiantes regulares en total.
Si no rompen la pared, los estudiantes corren el riesgo de quedar atrapados por la espada, sin posibilidad de una acción articulada, y llevando las tomas estudiantiles y las posturas más combativas, momentáneamente minoritarias, a un callejón sin salida. 
Marcha Federal Universitaria (17/10/24)-Fotografía de Sebastián Pisarello

Meta Crisis, periodismo desde la periferia. Tucumán, Argentina